Una de las grandezas de la democracia Española es que todas las opiniones, ideas, propuestas o formas de ver la realidad (siempre que, evidentemente, respeten el Estado de derecho y la legislación que le da forma) pueden estar representadas en el parlamento estatal, en los autonómicos y en los ayuntamientos.
Lamentablemente y después de 30 años de ayuntamientos democráticos parece que hay gente que todavía no se entera (o no quiere enterarse) que la mejor forma para trabajar por una ciudad, por un país o por una nación es un ayuntamiento o un parlamento.

Desde ayer a las 6 de la mañana, los manifestantes antiPLAN-CAUFEC (Pla PORTA BARCELONA, que prevé la construcción de viviendas, oficinas y zonas verdes en el barrio de Finestrelles) vuelven a estar colgados en una de las tres torres Simbol (edificios emblemáticos de Esplugues) para anunciar al mundo que no están de acuerdo con el código penal español.
La última vez que estos vecinos protagonizaron esta escena, fueron más de 5 noches las que estuvieron colgados de mi casa (con la consiguiente alegría de despertarse y aún con la legaña en el ojo, observar por mi ventana como un ciudadano orinaba en una botella de agua a 50 metros de altura). Esta vez, afortunadamente, se han cansado antes y ya han bajado.

Desde Noves Generacions d´Esplugues no nos oponemos al crecimiento de nuestra ciudad. Queremos una ciudad más competitiva, que genere más puestos de trabajo y más actividad económica que permita mejor calidad de vida a ciudadanas y ciudadanos. Los jóvenes queremos una ciudad que garantice nuestra permanencia, una ciudad que garantice nuestro futuro y donde podamos desarrollar nuestro proyecto de vida.
